domingo, 1 de septiembre de 2013

Una pequeña victoria en Tetuán


El pasado 28 de Agosto terminaba el plazo para que el Ayuntamiento pudiese desalojar y derribar la vivienda situada en Ofelia Nieto 29. Se trata de una vivienda de Tetuán que ha visto como numeros@s vecin@s del barrio así como de otras zonas de Madrid, se han acercado para impedir este desalojo y derribo. En concreto desde el 14 de Agosto, que la policía intentó realizar el desalojo fracasando gracias a una barrera de personas que lo impidió, hasta el 28 de Agosto a las 12 de la noche ha habido gente defendiendo a la familia que habita dicha vivienda.
Se está a la espera de lo que ocurrirá finalmente con la vivienda, pues el Ayuntamiento podría volver a notificar una orden de desalojo y derribo. Pero la acción de la gente organizada que de momento ha impedido el desalojo y derribo se trata de una pequeña victoria que permite ganar tiempo y que la familia siga en su hogar. Es una prueba de que la lucha da sus frutos y de que es imprescindible.
¡La lucha es el único camino!

domingo, 25 de agosto de 2013

Carta a la izquierda consecuente madrileña

 

Carta a la izquierda consecuente madrileña

Con el paso de los años y la experiencia acumulada, uno se va forjando la impresión de que cualquier izquierda que no reconozca y acepte como punto de partida la plurinacionalidad del Estado español está castrada, abocada al precipicio del fracaso. Cuando hablamos de nuestra tierra esto tiene especial gravedad, porque carecemos de una masa social -y de referentes políticos que la agrupen- que sea capaz de reconocer a Castilla como sujeto político, social, cultural y territorial concreto, pese a los lógicos y sanos debates sobre la cuestión nacional que quedan pendientes de resolver; la lucha es en sí misma pura contradicción.
Muy poco a poco, entre las sensibilidades de izquierda en Castilla se ha venido desarrollando esa idea básica que considera a nuestro pueblo como uno más, idea que ya no es ni debe ser nunca más patrimonio de un par de colectivos ni exclusiva de sus militantes. Aún así, todavía estamos peor que antes de la Transición; sonroja ver el material propagandístico de la socialdemocracia en los momentos previos al proceso autonomista, pues entonces hasta el PSOE tenía más claro el hecho diferencial castellano que lo que hoy lo tienen los más feroces críticos del sistema en nuestra desestimada tierra.
A la hora de preguntarnos por la desarticulación de la conciencia nacional en Castilla no se nos ocurre mayor causa que la “cuestión madrileña”. A cerca de ello es sobre lo que versa esta reflexión que queremos lanzar a la izquierda consecuente castellana, y en especial a la rica y plural izquierda madrileña.
1083 fue probablemente el año en que Madrid se incorporó al ente político castellano tras la conquista de Alfonso VI; exactamente 900 años después, en 1983 nuestros enemigos de clase inventaron de la nada la artificial autonomía -aunque hay que decir que no es menos artificial que sus inmediatas vecinas, las otras autonomías castellanas. En estos últimos 30 años han sido capaces de esconder debajo de la alfombra del olvido 900 años de nuestra historia e identidad y de normalizar completamente su proyecto, no solo entre gente políticamente poco afín a todo pensamiento crítico, sino también entre la izquierda más consciente, combativa y reflexiva. Para hacernos una idea, cada uno de estos últimos años plagados de traiciones y humillaciones al pueblo trabajador han pesado como 30 periodos de 30 años (30 x 30 = 900) a la hora de borrar los lazos entre el territorio madrileño y el resto de nuestro pueblo. Sería una curiosidad graciosa si no estuviéramos hablando del exterminio planificado del hecho nacional castellano.
Pero como el lector sagaz comprenderá, no es del Madrid medieval de lo que queremos hablar, cuestión la histórica, por cierto, que gravita en torno al principal argumento para rehusar Castilla: cuantas veces habremos oído que: “Castilla ya no existe, era un viejo reino que hoy huele a polvo; y en el caso de existir, existe más allá de las fronteras de Madrid”. Este ‘argumento’, unido al tópico de que “Madrid es una isla cosmopolita en un mar de pueblerinos” nos hiere profundamente a los castellanos no madrileños, especialmente a aquellos que somos del medio rural. Pero como decíamos, preferimos hablar de la Transición y del Régimen que surge en estos años tras la muerte de Franco, porque aún hoy –casi diríamos que ahora más que nunca- hablar de esto es hablar de nuestro presente y de nuestro futuro.
¿Por qué la izquierda consecuente, que se plantea valientemente todo lo que surge de la pactada Transición y de una Constitución que consideramos obsoleta se vuelve muda a la hora de analizar el proceso de creación de las autonomías, más concretamente sobre las castellanas? Y decimos que específicamente las castellanas porque de las antiguas entidades territoriales, las nuestras fueron las únicas que se vieron modificadas hasta dejarlas irreconocibles. ¿Son más legítimas estas autonomías que la propia jefatura y entramado del Estado? ¿Acaso un tema tan serio como el modelo territorial del Estado español, cocinado en las ollas de los partidos del régimen y sobre cuyo proceso jamás se nos consultó, no es lo suficientemente interesante para prestarle atención? ¿Se tiene miedo de abordar esta cuestión o es que no tenemos nada que decir al respecto? Se dice que quien calla otorga; nosotros decimos que ya se ha otorgado al enemigo demasiado, ya se le han hecho demasiadas concesiones, también en este ámbito de la lucha que es la liberación nacional.
Pero siguen aflorando las preguntas. ¿A quién benefició la partición de Castilla? ¿Somos incapaces de hacer una reflexión serena sobre la trascendencia que tuvo para el capitalismo y el españolismo la desarticulación de este nuestro pueblo? ¿Lo consideramos una casualidad, algo que el Régimen dejó al azar? ¿Se puede llegar a pensar que la creación de la autonomía madrileña fue una decisión bienintencionada para favorecer la calidad de vida y el acercamiento de la administración a una población heterogénea por su procedencia y en constante crecimiento?
Nuestras humildes respuestas son que Castilla fue dividida a conciencia, preventivamente si se desea, para ofrendarla al proyecto del españolismo, para sacrificarla a la idea de la unidad de destino en lo universal de España. En Castilla se favorecía así el sentimiento único, sumiso a España, centrípeto y opuesto por naturaleza a la disidencia centrífuga, en especial hacia el pueblo catalán. Había precedentes para cimentar estos ladrillos y fueron empleados con astucia; mientras, el pueblo castellano no estuvo a la altura de las circunstancias, huérfano de agentes políticos que reivindicasen la identidad progresista de Castilla. Treinta años después no podemos hacer un balance distinto; si la función de las autonomías hubiera sido mejorar la calidad de vida, acercar a la ciudadanía la administración, desarrollar y garantizar el futuro para esta tierra, etc., se podría decir que su proyecto habría fracasado, pero puesto que consideramos que su función principal fue la de ponernos todas las trabas posibles como pueblo y generar confusión sobre nuestra identidad, conviene reconocer que las autonomías cosecharon un gran éxito como narcótico.
Hoy, cuando se ha avanzado de manera sincera en la comprensión de la plurinacionalidad del Estado y se ha articulado una respuesta desde la izquierda que gira alrededor del derecho de autodeterminación de los pueblos, queda mucho por debatir y clarificar.
En primer lugar, consideramos que no se puede defender tal derecho en abstracto desde Madrid, y en conjunto, desde Castilla. La de un pueblo que no se reconoce a sí mismo es una palabra poco fiable, cuanto menos, por poco estudiada. El internacionalismo exige el reconocimiento recíproco de los pueblos, como la solidaridad de clase exige que quienes la practican tengan esa conciencia de hermandad entre trabajadores/as. Expresar la solidaridad de Madrid a Euskal Herria, como tantas veces se ha visto, equivale a expresar la solidaridad de una ciudad -o de una provincia o autonomía- hacia un pueblo al que sí se reconoce una condición que nos negamos a nosotr@s mism@s; son categorías diferentes, a las que hemos decidido plegarnos, someternos. ¿O es que a l@s castellan@s no nos hace falta patria, pese a que suspiramos por la suerte que tienen otr@s de sí tenerla?
Nos encontramos entonces ante la declarada orfandad de l@s revolucionari@s castellan@s que hablan de la liberación de los pueblos sin ser capaces de distinguir cual es el suyo. Nos preguntamos cómo cada revolucionari@ resuelve esa contradicción en su seno. Quizás es que la fórmula expuesta en la Constitución del 78 tiene más predicamento del que creíamos, y se acepta la farsa de que en el Estado hay “nacionalidades y regiones”, esto es, hay territorios específicos que juegan en diferentes divisiones y que no se exponen en igualdad de condiciones, como si unos pueblos fueran más naciones que otros, o tuvieran culturas cualitativamente superiores. Evidentemente, lo que hay detrás de estos títulos es la concesión a regañadientes de parcelas de reconocimiento a los pueblos que son capaces de comprenderse a sí mismos como tales, y las sobras –las simples regiones- nos las quedamos los que nos venimos conformando con ser el alma de España por los siglos de los siglos. Sin embargo, esta fórmula jerárquica nos parece profundamente reaccionaria e impropia de la izquierda, incluso contraria al internacionalismo.
Que el sentimiento castellanista sea menor que la conciencia nacional subjetiva que han desarrollado otros pueblos no significa que tenga que ser directamente ignorado por los movimientos revolucionarios, ni contrapuesto maniqueamente con otras prioridades. El revolucionario tiene que analizar su realidad en sus más amplias perspectivas, y comprender que, al igual que la lucha de clases existe aunque amplias capas de la clase trabajadora no tengan plena conciencia de sí mismas, los pueblos existen de manera objetiva pese a que los sujetos que en ellos viven no asuman o no quieran asumir su existencia. La voluntad de ser, la conciencia subjetiva, es lo que luego ayudará a colocar a los pueblos en el camino de su emancipación y soberanía, pero no es la conciencia ni la voluntad lo que produce o da existencia a los pueblos.
A veces hemos oído defender que Castilla no existe porque la mayoría de l@s castellan@s no tienen sentimiento nacional, dando a entender que el argumentador apoyará la existencia o no de nuestro pueblo -o de otros bajo los mismos parámetros- en función de su mayor o menor aceptación popular, y no en función de un análisis de la realidad. Eso se llama oportunismo, colocar la vela al viento que mejor sople; pero este barco tiene que ser de remos, se mueve con nuestro esfuerzo. Tenemos el derecho de exigir a la izquierda respetuosa con los pueblos que se defina de una vez, que deje de moverse en una cómoda ambigüedad que es nociva para nuestro pueblo y genera confusión sobre la existencia o inexistencia de Castilla como sujeto. Si Madrid no es Castilla, entonces Castilla no existe y la nación de los solidarios madrileños con los pueblos del mundo no es sino España; sin embargo, si Madrid es Castilla, entonces podemos empezar a debatir acerca del encaje y la convivencia de nuestro pueblo con el resto de nuestros primos peninsulares con los que tanto compartimos. Este es el enigmático silogismo que la izquierda española no consigue o no quiere resolver.
En cuanto a la cuestión de las prioridades en la lucha, que es otra de las escusas para no abrir la Caja de Pandora de la liberación nacional de los pueblos, consideramos que no hay nada más prioritario que acabar con este régimen;  defender la castellanidad de Madrid y nuestra existencia como pueblo es un excelente avance en esa dirección, que nos sitúa en nuestro lugar en igualdad con otros pueblos y cuestiona todo el proyecto de la burguesía española.
Seremos sincer@s. Que Madrid es Castilla y que Castilla es uno de los pueblos bajo jurisdicción del Estado español nos parecen cuestiones tan evidentes que casi nos cuesta explicarlas. Para lo primero creemos que sobra con leer libros de historia, con mirar un mapa de la autonomía enclavada en el corazón de ambas Castillas, con sentir la cultura tradicional de Madrid, con visitar sus pueblos y hablar con nuestros mayores. Por eso y porque ya hay muchos documentos escritos al respecto no abundaremos en esta cuestión. Somos plenamente conscientes de la especificidad de Madrid, que como toda metrópoli, tiene sus innegables peculiaridades sociales, económicas, organizativas y culturales. Igualmente, somos conscientes de las especificidades de Londres, Jerusalén, Caracas o Sevilla sin olvidar jamás que hablamos de grandes urbes enmarcadas en Inglaterra, Palestina, Venezuela y Andalucía. Es una cuestión de justicia que el pueblo castellano tome conciencia de sí mismo de una vez por todas, especialmente en los lugares donde se esconde bajo toneladas de cemento nuestra identidad y se nos apabulla con ese falso cosmopolitismo impulsado por la globalización que arrincona nuestras tradiciones, también las de lucha.
Sentimos si alguien se siente defraudad@: a juicio de algunas personas, Castilla no tiene tanto pedigrí como otros pueblos, no es tan cool ni se caracteriza por su exotismo, pero aún así es nuestro pueblo, al que desconocemos profundamente, infravaloramos, subestimamos y encuadramos entre los marcos de los más falsos tópicos imaginables. Los pueblos se construyen día a día, y nuestra miserable Castilla de hoy puede ser un faro de esperanza y dignidad en el día de mañana, como ya lo fueron otros pueblos que nada tenían de envidiables antes de la llegada de l@s dign@s.
x Jorge, militante de Yesca

miércoles, 26 de junio de 2013

[28J] Los y las jóvenes decidimos: ¡En los pueblos y en los barrios, sexualidades libres!

Extraído de http://juventudrebelde.org/index.php?mact=News,cntnt01,detail,0&cntnt01articleid=720&cntnt01returnid=56


 


El 28 de junio, día internacional de lucha LGTB, millones de personas en todo el mundo salimos a las calles en recuerdo de los disturbios ocurridos en Stonewall en 1969. Recordamos de esta manera, aquel espíritu de lucha que provocó la primera respuesta de la comunidad LGTB como sujeto político oprimido ante la persecución sistemática a la que estaba siendo sometida.
Hoy, 44 años más tarde, es mucho el camino que se ha avanzado, pero también mucho el camino que queda todavía por abrir. La homofobia y la negación de las libertades sexuales siguen siendo uno de los pilares principales para el mantenimiento del sistema patriarcal.
En Castilla, estamos viviendo una ofensiva institucional contra las libertades sexuales, por parte de un Gobierno reaccionario que pretende legislar sobre los cuerpos de las personas haciéndonos retroceder en materia de derechos y libertades. Por su parte la Iglesia católica continúa con su demagogia y acientifismo, presentando libros en los que se pretende patologizar las diferentes orientaciones sexuales.
Pero peor aún es la homofobia social, tanto la directa como la indirecta, causante principal de graves trastornos como depresión, adicción a las drogas y, en el peor de los casos suicidios. Las estadísticas hablan por sí mismas: el 81% de los gays y lesbianas de CyL desearían abandonar su comunidad por motivos de discriminación sexual. Una comunidad en la que todavía una cuarta parte de la población considera la homosexualidad una enfermedad mental. Este es un claro reflejo de un fenómeno, el del exilio sexual, que en Castilla agrava aún más el fenómeno de la despoblación de nuestras comarcas. Vivir en las zonas rurales en ocasiones se convierte en una pesadilla para los y las jóvenes con opciones sexuales no normativas.
Pero en las ciudades tampoco no es todo “de color de rosa”. Solamente la ciudad de Madrid concentraba el año pasado un 31% del total de denuncias de agresiones homófobas de todo el Estado. La visibilidad de la sexualidad está todavía reprimida institucional y socialmente también en la ciudad, relegando a la comunidad LGTB a mostrarla únicamente en las zonas delimitadas para ello (como puede ser el barrio de Chueca en Madrid) y además concentrada en locales de pago.
La comunidad LGTB debe volver a mostrar su capacidad de lucha. Hace falta recordar que fue precisamente en Madrid donde se realizó la mayor manifestación del 28 de Junio durante la Transición, convocada en 1978 por el Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHC) en un momento en el que las asociaciones de homosexuales eran todavía ilegales y seguían existiendo presos y presas por delitos de “homosexualidad”. Desde entonces se vienen realizando cada año multitudinarias manifestaciones demostrando que en nuestra sociedad existe una mayoría social progresista y una comunidad LGTB realmente luchadora.
Desde Yesca creemos básico seguir fomentando una sexualidad libre y segura entre la juventud, así como seguir defendiendo una educación sexual científica y racional. La liberación sexual es una tarea que nos debe preocupar a toda la juventud, ya que está directamente entrelazada con la opresión que sufrimos como jóvenes. Por ello, asumimos el compromiso de trabajar día a día en este sentido, desde la formación y la creación de espacios de debate y libertad sexual. Nuestro objetivo está claro: construir una sociedad no patriarcal y libre. Para ello es necesario realizar un trabajo desde la base de los movimientos populares y desde la base de nuestra sociedad.
Como jóvenes, no podemos permitir que se nos niegue el derecho a las libertades sexuales en nuestra propia tierra. Luchar por la libertad sexual es también luchar en contra de la emigración juvenil en nuestras zonas rurales y a favor de la liberación completa como personas, como clase y como pueblo.
En todas las comarcas, en todos los pueblos y en todos los barrios, los y las jóvenes decidimos: ¡sexualidades libres y sanas! 
 
Yesca, la juventud castellana y revolucionaria

sábado, 15 de junio de 2013

Contra el paro juvenil ¡Joven pasa a la acción!

 Texto extraído de http://juventudrebelde.org/index.php?mact=News,cntnt01,detail,0&cntnt01articleid=712&cntnt01returnid=56


En Madrid ha tenido lugar la semana de lucha contra el paro. Con motivo de ésta, desde Yesca, queremos denunciar una vez más la situación de absoluta precariedad que nos imponen a la juventud castellana. Más de la mitad de la juventud se encuentra en situación de desempleo, y las cosas no tienen pinta de que vayan a mejorar.
Debemos tener muy claro que la situación que vive la juventud no es casual y que tiene responsables concretos. Dichos responsables son quienes sacan provecho de vivir en el sistema capitalista a costa de la explotación y precarización de la vida de la mayor parte de la población. Entre esos responsables encontramos de manera muy destacada a los banqueros y a la clase política con partidos que defienden intereses objetivamente contrapuestos a los del pueblo. Partidos como el PP con todos sus recortes, privatizaciones y políticas reaccionarias no hacen más que empeorar las condiciones de vida de la población en general y pintar un futuro muy negro para la juventud. Tampoco nos olvidamos del PSOE que con su social-liberalismo intentan mostrarse como una alternativa al PP, pero vienen a ser más de lo mismo. No podemos olvidar que las ETT llegaron a Castilla de la mano del PSOE o sus reformas laborales que supusieron recortes de derechos conquistados históricamente a base de duras luchas. No olvidamos que por mucho que hipócritamente se digan socialistas y obreros no lo son, porque su función es la de reproducir las condiciones de vida propias de un sistema capitalista. Y evidentemente tampoco debemos mirar hacia otro lado y exculpar de responsabilidad a partidos como IU que a pesar de estar a la izquierda del PSOE y tener un discurso más social, no buscan la alternativa a la situación actual en romper con este sistema y reemplazarlo por otro que haga pasar al capitalismo a la historia, sino en reformar este mismo sistema mejorando en diverso grado las condiciones de vida. Desde Yesca consideramos que a pesar de que pudieran darse esas mejoras parciales, se seguirían perpetuando las condiciones de explotación y por tanto nos mantendríamos todavía en un sistema injusto, por tanto su alternativa no es real, no es válida. Y es que si hay algo que los que apostamos por la vía revolucionaria debemos tener claro es que no podemos conformarnos con las migajas del capitalismo.
La juventud debemos implicarnos y aportar nuestro granito de arena para superar la situación que nos hacen vivir. No podemos conformarnos con elegir entre paro o un trabajo en absoluta precariedad. Debemos hacernos oir. Tenemos que luchar por nuestros derechos y poder desempeñar un trabajo digno en condiciones de justicia.


Contra el paro juvenil ¡Joven pasa a la acción!

Yesca, la juventud castellana y revolucionaria



Fotografías de la asamblea de Yesca Tetuán: